Ha petición popular desde Gran Bretaña recibo este video para que lo añada en mi blog. Se trata de unas imagenes proporcionadas por el diario The Sun, periodico de la prensa Britanica. Espero que les guste…
Entra cautelosamente, como si nada pasara. Se acerca hacia el estante de snacks, observa la gran cantidad de emboltorios de contenidos apetesibles, no se decide por cuál, pero sabe que debe actuar rápido. Derrepente nota que nadie lo está viendo, después de todo ¿quién sospecharía de una gaviota? Espera unos momentos, observa los alrededores y en eso… ¡sas! coge un emboltorio lo más rapido posible y sale corriendo de la tienda a toda velocidad temiendo haber sido descubierto. Una vez afuera, después de haberse alejado considerablemente y bajo la seguridad de no ser perseguida, se dispone a saborear su preciado hurto, pero en eso nota algo que no tomó en consideración cuando estaba junto al estante: No eran aquellas agradables papitas que solía comer, no, eran Doritos, unos desagradables Doritos…
Mientras los restos de Doritos yacían tirados por doquier, víctimas de su furia causada por la decepción de haber hecho algo en vano, reflexionó un poco y, mientras se dirigía a aquella caja de cartón arrimada en un callejón húmedo y solitario, pensó: “No puedo seguir así, ya es hora de cambiar de vida…”
Al cabo de unos minutos, luego de haberse secado totalmente las lágrimas, se dió cuenta que de hace ya bastante tiempo se decía a sí mismo que era hora de cambiar. Al cabo de otros tantos minutos, volvió a secarse las lágrimas.
Entra cautelosamente, como si nada pasara. Se acerca hacia el estante de snacks, observa la gran cantidad de emboltorios de contenidos apetesibles, no se decide por cuál, pero sabe que debe actuar rápido. Derrepente nota que nadie lo está viendo, después de todo ¿quién sospecharía de una gaviota? Espera unos momentos, observa los alrededores y en eso… ¡sas! coge un emboltorio lo más rapido posible y sale corriendo de la tienda a toda velocidad temiendo haber sido descubierto. Una vez afuera, después de haberse alejado considerablemente y bajo la seguridad de no ser perseguida, se dispone a saborear su preciado hurto, pero en eso nota algo que no tomó en consideración cuando estaba junto al estante: No eran aquellas agradables papitas que solía comer, no, eran Doritos, unos desagradables Doritos…
Mientras los restos de Doritos yacían tirados por doquier, víctimas de su furia causada por la decepción de haber hecho algo en vano, reflexionó un poco y, mientras se dirigía a aquella caja de cartón arrimada en un callejón húmedo y solitario, pensó: “No puedo seguir así, ya es hora de cambiar de vida…”
Al cabo de unos minutos, luego de haberse secado totalmente las lágrimas, se dió cuenta que de hace ya bastante tiempo se decía a sí mismo que era hora de cambiar. Al cabo de otros tantos minutos, volvió a secarse las lágrimas.